El viernes 16 de diciembre el colectivo La Mancha presentó tres poemarios nuevos en las ediciones de La buena calle. Entre estos libros se encuentra Si fuésemos lo que somos, de su servidor, Miguel Guédez.
Encuentro y duración con los muertos (Lêdo Ivo – poeta brasileño)
J000000Martes422011 29, 2008Encuentro y duración con los muertos
Eres el cementerio.
Los muertos no yacen
debajo de la tierra.
No están ocultos
en una sábana de grama
pero sí bajo tu piel.
Tus venas son
calles donde los muertos
pasean, despreocupados,
y en vacaciones recorren,
turistas de lo eterno,
los museos del éter.
Y en viejas tierras
de tu memoria
almas veranean.
Hijo mío, vivir
es comerciar
en el mostrador de los muertos.
Es en encontrar en el suelo
el botón caído
de un viejo abrigo.
Los difuntos viven
alejados de sus huesos,
ocultos en las lágrimas
de los vivos que lloran,
o también en el rocío
del ramo de flores.
Muertos continúan
vivos, siempre amados.
Vivir es protegerlos
de los gusanos que los comen,
de la hierba que los recubre,
de la nada infinita.
Cerrado el ataúd,
sujetas las asas,
el muerto se evade.
En verdad un muerto
nunca está enterrado.
Vuelve con los vivos
de su entierro,
dejando en la tumba
el polvo de noviembre.
Por eso despertamos
en las noches oscuras
sitiados por muertos.
El padre muerto da
pequeños consejos
a su afligido hijo.
Y la madre muerta viene
y arrulla, en la noche,
al hijo barbado.
(El niño eterno
que cualquier madre muerta
carga consigo).
En esa parcela
que es tu memoria
las figuras perentorias
te hablan del viento:
tu parentela
desfila, andariega.
Sé fiel, hijo mío,
a tu prosapia.
Honra a tus muertos
(como el marinero
respira la ola desnuda
en la entrada al puerto).
Mientras vivas
que te cubra la caliza
de todos los muertos.
Escucha lo que te digo:
está muerto el vivo
que olvida a sus muertos
y los sepulta en sí,
enterrándolos, vivos,
en una tumba íntima.
Una vida eterna
se sucede en la tierra,
de padre a hijo.
Más que en la sangre,
en la vaga semblanza
o en el apellido
el padre continúa
compañero de la vida
en el hijo varón.
En el hijo legítimo
que vuelve domingo
el lejano día
y da vida a la muerte.
Siendo hijo, es el padre
cuando era niño.
Traducción: Eduardo Cobos.
Tabaquería (Fernando Pessoa)
J000000Lunes592011 29, 2008No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
Cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién son
(Y si lo supiesen, ¿qué sabrían?)
Ventanas que dan al misterio de una calle cruzada constantemente por la gente,
Calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con el de la muerte que traza manchas húmedas en las paredes,
Con el del destino que conduce al carro de todo por la calle de nada
Hoy estoy convencido como si supiese la verdad,
Lúcido como su estuviese por morir
Y no tuviese más hermandad con las cosas que la de una despedida,
Y la hilera de trenes de un convoy desfila frente a mí
Y hay un largo silbido
Dentro de mi cráneo
Y hay una sacudida en mis nervios y crujen mis huesos en la arrancada.
Hoy estoy perplejo, como quien pensó y encontró y olvidó,
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no tuve propósito alguno tal vez todo fue nada.
Lo que me enseñaron
Lo eché por la ventana del traspatio.
Ayer fui al campo con grandes propósitos.
Encontré sólo hierbas y árboles
Y la gente que había era igual a la otra.
Dejo la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?
¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo
Y la historia no recordará, ¿quién sabe?, ni uno,
Y sólo habrá un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En tantos manicomios hay tantos locos con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna ¿puedo estar en lo cierto?
No, en mí no creo.
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
Genios-para-sí-mismos a esta hora están soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-Sí, de veras altas y nobles y lúcidas-
Quizá realizables,
No verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de la gente?
El mundo es para los que nacieron para conquistarlo
No para los que sueñan que pueden conquistarlo, aunque tengan razón.
He soñado más que todas las hazañas de Napoleón.
He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo,
He pensado en secreto más filosofías que las escritas por ningún Kant.
Soy y seré siempre el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella.
Seré simpre el que no nació para eso.
Seré siempre sólo el que tenía algunas cualidades,
Seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta,
El que cantó el cántico del Infinito en un gallinero,
El que oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? Ni en mí ni en nada.
Derrame la naturaleza su sol y su lluvia
Sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine
Y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama;
Nos despertamos y se vuelve opaco;
Salimos a la calle y se vuelve ajeno,
Es la tierra y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
Come chocolates, muchacha,
¡Come chocolates!
Mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates,
Mira que todas las religiones enseñan menos que la confitería.
¡Come, sucia muchacha, come!
¡Si yo pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes!
Pero yo pienso y al arrancar el papel de plata, que es de estaño,
Echo por tierra todo, mi vida misma.)
Queda al menos la amargura de lo que nunca seré,
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico que mira hacia lo imposible.
Al menos me otorgo a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo,
Sin prenda, la ropa sucia que soy al tumulto del mundo
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas y no existes, y por eso consuelas,
Diosa griega, estatua engendrada viva,
Patricia romana, imposible y nefasta,
Princesa de los trovadores, escotada marquesa del dieciocho,
Cocotte célebre del tiempo de nuestros abuelos,
O no sé cual moderna -no acierto bien la cual-
Sea lo que seas y la que seas, ¡si puedes inspirar, inspírame!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco,
Me invoco a mí mismo y nada aparece.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, la acera, veo los coches que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que pasan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me parece una condena a la degradación
Y todo esto, como todo, me es ajeno.)
Viví, estudié, amé y hasta tuve fe.
Hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por ser él y no yo.
En cada uno veo el andrajo, la llaga y la mentira.
Y pienso: tal vez nunca viviste, ni estudiaste, ni amaste, ni creíste
(Porque es posible dar realidad a todo esto sin hacer nada de todo esto.)
Tal vez has existido apenas como la lagartija a la que cortan el rabo
Y el rabo salta, separado del cuerpo.
Hice conmigo lo que no sabía hacer.
Y no hice lo que podía.
El disfraz que me puse no era el mío.
Creyeron que yo era el que no era, no los desmentí y me perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
La tenía pegada a la cara.
Cuando la arranqué y me vi en el espejo,
Estaba desfigurado.
Estaba borracho, no podía entrar en mi disfraz.
Lo acosté y me quedé afuera,
Dormí en el guardarropa
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo.
Voy a escribir este cuento para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
Quién pudiera encontrarte como cosa que yo hice
Y no encontrarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente:
Pisan los pies la conciencia de estar existiendo
Como un tapete en el que tropieza un borracho
O la esterilla que se roban los gitanos y que no vale nada.
El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta y se instala contra la puerta.
Con la incomodidad del que tiene el cuello torcido,
Con la incomodidad de un alma torcida, lo veo.
El morirá y yo moriré.
El dejará su rótulo y yo dejaré mis versos.
En un momento dado morirá el rótulo y morirán mis versos.
Después, en otro momento, morirán la calle donde estaba pintado el rótulo
Y el idioma en que fueron escritos los versos.
Después morirá el planeta gigante donde pasó todo esto.
En otros planetas de otros sistemas algo parecido a la gente
Continuará haciendo cosas parecidas a versos,
Parecidas a vivir bajo un rótulo de tienda,
Siempre una cosa frente a otra cosa,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una cosa ni la otra.
Un hombre entra a la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me enderezo a medias, enérgico, convencido, humano,
Y se me ocurren estos versos en que diré lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la libertad de todos los pensamientos.
Fumo y sigo al humo con mi estela,
Y gozo, en un momento sensible y alerta,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es el resultado de una indisposición.
Y después de esto me reclino en mi silla
Y continúo fumando.
Seguiré fumando hasta que el destino lo quiera.
(Si me casase con la hija de la lavandera
Quizá sería feliz).
Visto esto, me levanto. Me acerco a la ventana.
El hombre sale de la Tabaquería (¿guarda el cambio el la bolsa del pantalón?),
Ah, lo conozco, es Estevez, que ignora la metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta).
Movido por un instinto adivinatorio, Estevez se vuelve y me reconoce;
Me saluda con la mano y yo le grito ¡Adiós, Estevez! y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza y el Dueño de la Tabaquería sonríe.
La traducción de “Tabaquería” pertenece a Octavio Paz.
Rodaje del documental Ajila
J000000Viernes132011 29, 2008Inventos inútiles
J000000Jueves172011 29, 2008Bien, el hombre inventó teorías, leyes, elucubraciones soldadas con reflexiones de años, sin embargo, aún seguimos resolviendo todo de una manera muy simple, a los coñazos.
Excelente programa radial sobre Roque Dalton
J000000Jueves292011 29, 2008Me voy con Emily al bosque
J000000Martes012011 29, 2008“Presentimiento es esa larga sombra
que poco a poco avanza sobre el césped”.
Emily Dickinson
Crepitando los truenos del bosque oscuro
ahuyentamos las aves toscas de la memoria
Aquí, entre mezquinos eucaliptos
y belicosos samanes
nuestros pasos se olvidan del rumbo
hurgando en la hojarasca
Ve, Emily, pero deja de verme
con esa pena de hace 200 siglos
Recuerda, vieja loba,
los cuervos no son más que niños
y el bosque será por siempre un hogar
donde anidar nuestra unión
con restos del primerizo fuego
y del último adiós
Ahora, hermana del exilio,
siente lo bestiales que fuimos
este cráter frente a nosotros
hondo como el dolor que abandonamos
en medio de este bosque ya maldito
Labra silba Venezuela
J000000Sábado502011 29, 2008
Labra silba abre tierra
Impero desvanécete
Tótem pueblo abre silba
Silba y silba de madrugada
Abre hombre piedras canalla
Tierra mujer húmeda mañana
Labra silba abre tierra
Sur infantil labra
Puño fértil tierra
Madre aguanta y silba
Árbol escuela abre
Imperio esfúmate
Labra silba abre tierra
Mar vuélcate corazón
Sol entretejido labios
Cetro diamante oxidado
Fango y dolor
Imperio aúlla
Ajila Venezuela
Labra silba abre tierra
Historias muy mínimas
J000000Martes472011 29, 200821 de febrero de 2011
Plaza Bolívar de Caracas
Injuriado por una mujer, alzó su bastón y lo estrelló contra el suelo con toda su fuerza de octogenario. La infancia le corrió de súbito por las venas, y gritó ante la multitud sorda de la plaza, ¡Yo todavía puedo! ¡Yo todavía puedo! ¡No joda!
Avenida Baralt
Contoneó divinamente sus poderosas caderas de 13 años, ante la fila de hombres en silla de ruedas que manifestaban en la avenida, para que en los hospitales algún día les traten las escaras.



Escrito por migueleguedez 









