Nacimos…

Nacimos demasiado pronto para soportar esta larga estación desestrellada. Nacimos como de rayo de ala y de picos de plata.

Hundido en su cueva, alguien nos recuerda, con la memoria vaciada en riachuelos sin desembocadura alguna, sin mar.

Las piedras se restriegan unas a otras sus brillantes cabezas junto al arroyo y el lagarto.

Los niños son criados por bestias descalzas de intelecto. Los niños, acorazados en sus carcazas, se pudren con la miel aún en los tobillos y el semen como retoño de la ilusión de sí mismos.

Todas las mujeres son colgadas por el cuello al vacío de su propio infierno. Lamen con placer y renuncia el puñal hirviendo que les ponen en el corazón.

Nacimos demasiado pronto, cuando apenas los frutos ya están muy podridos.

 

Autor: Miguel Guédez

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