Hola, siglo XXI

Faltaba poco para el año nuevo, y ahí estaba ese hombre, encorvado y sentado en medio de una gran barra. Sus ojos afligidos veían caer la débil lluvia a través de un gran ventanal que estaba detrás de las bebidas. Levantó el dedo índice y le dijo al barman: “una fría”. Al rato le trajeron la cerveza, y el hombre no se disgustó porque estuviera congelada, sólo pidió que se la cambiasen. Esporádicamente sonaban unas bolas de billar chocando a lo lejos y, más cerca, sonaba una estación de radio que después de cada canción repetía “cada vez faltan menos minutos para las 12, lo que viene será grandioso”. Al hombre de la barra le trajeron otra cerveza, pero esta vez estaba caliente. Tampoco se inmutó, y pidió que le trajeran cualquier tipo de cerveza con tal que estuviese al punto para tomarla. Entonces le trajeron al seguridad de la puerta para que lo echara. Así que lo patearon fuera del local y se fue a sumar gotas con sus ojos cerca de los charcos de la ciudad, y a abrazar postes sin luz para no ser reconocido por la soledad que habitaba la calle. Luego se acercó a una línea de taxistas embriagados que fornicaban con putas, y de un auto que tenía prendida la radio, escuchó: “es hora de abrazar a la familia”.

 

Autor: Miguel Guédez

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