Un corazón en la intemperie – Ensayo.

 

Ensayo sobre el libro:

Palabras del actor en el café de noche. 1982 (Eleazar León)

 

Un corazón en la intemperie

 

 “La poesía no será el silencio, pero al menos es una preparación para la sensatez”

Jesús Guédez

 

Palabras del actor en el café de noche es el libro de un hombre que busca reconocer lo existente, fuera y dentro; es una mano que alcanza lo hondo y maltratado de un país; es un intento de hallar la sensatez después de acaecido el golpe brutal del desencanto.  El poeta anda por las noches con el corazón en las manos, como una vela, para iluminarse el camino. Pero la noche, no menos débil, con sus vendavales de proscritos, disemina la luz.  Y la ausencia brota “en el tacto sin piel ahuecando las manos, en los bordes, los bordes, en la estrechez, la súplica / de otra distancia”. Sin embargo, el poeta se compromete con la búsqueda de lo puro, con el origen del camino en el que nos perdimos: “me deshabito de promesas, sigo a tocar la desnudez”. Exigirse tal empresa tiene su riesgo, y el camino es arduo, y entre las piedras llega el salto o sobresalto: “Bajo la bóveda sumisa gritas que nadie sobrevive / a tal raza de ruinas / a tal temblor, que la esperanza / es una copa derramada, que la verdad únicamente patea los cerrojos y abandona el establo”.

Dentro de este libro es imprescindible mencionar el Tríptico de los magos: Reverón, Van Gogh y Bárbaro Rivas. En un acto de dramaturgia lírica, Eleazar asume la voz de cada uno de estos “magos” de la pintura y les remueve las entrañas. Reverón: “Ya sólo hablo con la luz / Ya no tengo más casa que su blancura”. “Déjenme un rato en el olor / de las uvas de playa llamando el aguacero”. Y de Bárbaro Rivas, a quien estafadores de oficio cambiaron sus obras por botellas de alcohol barato, el poeta suelta: “Yo una vez me salía de un monte dando vueltas / de cabeza de noche con los caballos”. “Los diablos se salieron del aguardiente / a dar la bulla de la vida en los truenos”. “Párate Bárbaro por tu bien te traemos perdido / del alma íngrima no vives”.

Eleazar León no sólo habla de los magos, sino también de los olvidados, de esos irreconocibles que viven buscando el apellido por alcantarillas y cuyo primer nombre es el mismo para todos: los pordioseros, los mendigos. En el poema Habla el mendigo, el solitario, al igual que en el Tríptico, emana el furor de quien habla: “Con las dos manos en la plaza / de la ciudad degüello / al sol”. “Paso y entro a mi alma con un cuchillo iluminado / Me decapito por las calles”.

Entre la lírica, la poesía moderna, incluyendo la antipoesía, Eleazar crea una poesía que no se desgasta con el tiempo. Ya han pasado 26 años desde la publicación de este poemario y la soltura y la flexibilidad de sus creaciones permanece intacta y nos asombra: “…Saltimbanqui sin cuerda / desaparezco bajo mi risa / ¿Quieren ver cómo cambio el desencanto en magia / en goce la desventura?

 

Autor: MIguel Guédez

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