Epitafios de la tierra

 

 

Lápida

 

Pulmón de pez

 

Sal de la bolsa del canguro

yo sé que tienes bellos recuerdos

de esa época de gestación

La calle oblonga te espera

Sigue la cola del lagarto

El emporio nacarado

cierra en media hora

Qué importan los pies despellejados

la calle acrisolada

mancillada por tus escamas pavorosas

Navegar con Noé hacia ningún lado

 

Abre abre

tu pulmón de pez

 

*

El hombre de hoy vive narrando un epitafio que lleva a espaldas, recorriéndole cada vértebra, de abajo hacia arriba. Cuando le alcanza la cerviz ¡Pobre! Tiene la maña de andar cabizbajo.

 

*

Las caderas del mundo se han ensanchado enormemente

se han llenado de gasolina, de pólvora

de plástico roído y fracturado como las almas

también de celulitis se llenaron.

Por si acaso, sepan que engordó mucho

y que no necesariamente la gordura es fea

pero debo admitir que esta glotonería

a la tierra no le viene muy bien.

 

*

Yo diría, por el contrario a lo que manifiesta Nicanor Parra en un poema, que, nosotros, nacimos como animales y nos dan una muerte como hombres.

 

*

Creo que no hay nada más triste que ver a una pareja de jóvenes tocarse como dos monolitos se tocarían, y, muy a pesar, decir que se aman.

 

*

Absténgase de soñar, aquí estamos trabajando.

                                                            La gerencia.

 

Emporio humano 

Nos movemos por pasillos oscuros de emporios humanos, levantados sobre las bases de cinturones de miseria, cavernas de pensamiento, donde se huele la fétida melancolía que fluye desparramada; intoxicando, envenenando. ¡A regodearse! ¡A regodearse de bilis roja autosuficiente! La cloaca del cielo está tapada. Los gusanos que nacen sólo en la mente han salido a dar la batalla en el campo facial de las personas. Refulgentes tickets de lotería aguardan en las axilas, ¡sí, los he visto! nacerán las alas que te elevarán a otra vida. Cuando llueve, yo lo sabía, son los espíritus lacrimosos, que a pesar de ser intangibles, con su llanto nos advierten que ya el cielo está atiborrado de esperpentos muy raros. Muertos y vivos, es hora de coger hacia otro lado.

 

Algo sigue oliendo allá afuera

 

Vayan ustedes adelante

Tomen muchas fotos

Traigan una bala de recuerdo

Y la memoria portátil del cura

Dejen las cicatrices en el campo

Dejen también al cura

 

No olviden el canto ni la danza de esta guerra

Festín de pólvora en el cielo

No olviden a ese niño temblando a lo lejos

 

Desde aquí yo rezo

 

 

Bestia 

 

Quiero pegarme la sombra de una bestia

De una con muchas mujeres y niños en su estómago

Con mucho tabaco en los bolsillos

Recién liberada del bestiario

Libre de melancolías

 

Nunca me han gustado las bestias asépticas

Esas que se esconden detrás de escritorios

Para después lavarse la falsa sonrisa

En hotelitos de mala muerte

Pagándole la mitad a la puta

Alegando que no traen suficiente

Por eso los roban a esos hijosdeputa

 

Yo no quiero cualquier sombra

Yo quiero pegarme la sombra de una bestia

Quiero pegármela a mis brazos

Y golpear en sus caras a esos dictadorcitos de aldeas

A todos los cabrones como yo

A ver si al fin nos reconocemos de frente

Y así alimentar a mi bestia

Darle más cicatrices

Darle orgullo

Darle mierda

Y que crezca

Y que entienda que vive conmigo

Hasta que la muerte haga de ambos

Una única y fétida peste en los aires

 

 

Llámenme como quieran

 

 

Un día sostuve que un ratón era una rata

Una paloma avestruz

Y algunos ciempiés mis dedos en tu espalda

Pero no, eso no podía ser

Porque un ratón tampoco era un ratón

Ni un avestruz seguía siendo un avestruz

¿Qué pasó aquí?

¿Acaso se ha perdido la referencia de los referentes?

¿Cómo construyo ahora mi hogar?

¿Cómo lo habito, con qué animales

con qué bestias, con qué hombres?

 

Llámenme maricón, hijodeputa, perra

Qué me importa

Llámenme como quieran

 

 

*

Bendita tierra

nos elevaste

nosotros te sepultaremos.

 

Compréndenos

sólo somos niños

sin sentido ni memoria.

Adoramos la gloria

de reincidir en la creencia

de creernos razonadores y adultos.

Sólo somos un pobre pichón

estrellado en las rocas

intentado recuperarnos

de haber nacido.

 

 

 

Autor: Miguel Guédez

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