¿A qué le tienes frío?

 

*

Abramos las alas. Cerremos el pico. 

 

*

Por favor, no se tomen ni una de estas palabras en serio, y me refiero a ese tipo de seriedad funeraria que sólo se declara mediante una ideología o una constitución.

 

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Las moscas saben más de lo que tú piensas, ellas se posan sobre todo aquello que ignoras.

 

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Tu exterior no representa algo más que lo grotesco de tu sensibilidad.

 

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La gente se enferma porque no tiene nada mejor que hacer.

 

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Con plomo tejen nuestro espíritu y con el hacha nos recuerdan la carne.

 

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Está bien, matémonos; sólo recuerda que yo tengo por escudo un corazón igual al tuyo.

 

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Señora, no le pegue a su hijo, péguele a un político.

 

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En el Sur es mejor nacer sin estómago.

 

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Pronto andaremos    nuevamente  en cuatro patas, olisqueándonos los rabos.

 

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Siempre hay alguien detrás de mí  deshaciendo lo hecho y jugando al billar con los ojos de mi amada, tengo rato viéndolo desde esta esquina, un día lo voy a ahorcar.

 

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La mano cubre el rostro y detrás el hoyo negro, esa maldita O queriéndose tragar todo. No, los objetos no se transforman, se deforman.

 

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¿Los pájaros sentirán algún placer cuando nos cagan?

¿Y los políticos?

 

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El hombre se desplaza con sus manos, con sus pies y con sus dientes. El lenguaje y el pensamiento, nos hace instante; luego pasamos a ser memoria, más tarde, aire.

 

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Los restos de nuestro incesante naufragio se esconden en los rellanos de la memoria, pero los fardos, hinchados de dolor, nadie los puede ocultar, pues nos cuelgan del rostro.

 

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Muy pocas veces he expuesto mis huesos, y me duelen; les falta calor, levadura, amor.

 

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El juguete innato de los pobres es la imaginación.

 

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Te busqué hoy para acribillar tus cinco sentidos de relojería.

 

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Cuando lanzamos una botella al horizonte del mar, no arrojamos la botella, sino una parte de nuestra alma enmohecida.

 

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Cuando el compás cierra en vértigo lento, claustrofobia canina nos da. Pero cuando el compás abre haciendo un radio obsceno, ese es nuestro camino, fuera del papel.

 

*

Le presté mi paraguas al sol, ahora parece una abuelita evangélica parada en una esquina, esperando al primer idiota del día.

 

*

Justo aquí has perdido tu tiempo, sin embargo, ha servido un poco para conocernos. 

 

Autor: MIguel Guédez

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