Encuentro y duración con los muertos (Lêdo Ivo – poeta brasileño)

Encuentro y duración con los muertos

 

Eres el cementerio.

Los muertos no yacen

debajo de la tierra.

 

No están ocultos

en una sábana de grama

pero sí bajo tu piel.

 

Tus venas son

calles donde los muertos

pasean, despreocupados,

 

y en vacaciones recorren,

turistas de lo eterno,

los museos del éter.

 

Y en viejas tierras

de tu memoria

almas veranean.

 

Hijo mío, vivir

es comerciar

en el mostrador de los muertos.

 

Es en encontrar en el suelo

el botón caído

de un viejo abrigo.

 

Los difuntos viven

alejados de sus huesos,

ocultos en las lágrimas

 

de los vivos que lloran,

o también en el rocío

del ramo de flores.

 

Muertos continúan

vivos, siempre amados.

Vivir es protegerlos

 

de los gusanos que los comen,

de la hierba que los recubre,

de la nada infinita.

 

Cerrado el ataúd,

sujetas las asas,

el muerto se evade.

 

En verdad un muerto

nunca está enterrado.

Vuelve con los vivos

 

de su entierro,

dejando en la tumba

el polvo de noviembre.

 

Por eso despertamos

en las noches oscuras

sitiados por muertos.

 

El padre muerto da

pequeños consejos

a su afligido hijo.

 

Y la madre muerta viene

y arrulla, en la noche,

al hijo barbado.

 

(El niño eterno

que cualquier madre muerta

carga consigo).

 

En esa parcela

que es tu memoria

las figuras perentorias

 

te hablan del viento:

tu parentela

desfila, andariega.

 

Sé fiel, hijo mío,

a tu prosapia.

Honra a tus muertos

 

(como el marinero

respira la ola desnuda

en la entrada al puerto).

 

Mientras vivas

que te cubra la caliza

de todos los muertos.

 

Escucha lo que te digo:

está muerto el vivo

que olvida a sus muertos

 

y los sepulta en sí,

enterrándolos, vivos,

en una tumba íntima.

 

Una vida eterna

se sucede en la tierra,

de padre a hijo.

 

Más que en la sangre,

en la vaga semblanza

o en el apellido

 

el padre continúa

compañero de la vida

en el hijo varón.

 

En el hijo legítimo

que vuelve domingo

el lejano día

 

y da vida a la muerte.

Siendo hijo, es el padre

cuando era niño.

 

Traducción: Eduardo Cobos.

Una respuesta a Encuentro y duración con los muertos (Lêdo Ivo – poeta brasileño)

  1. Les comparto . . .

    UN POQUITO DE SU SER

    “El cielo ante ti se abra, . . . amante de la palabra.”

    Treinta y seis, mil novecientos,
    con sus dones y talentos,
    llegó al mundo ser pensante,
    autodidacta brillante.

    Solo sexto de primaria,
    lectura . . . faena diaria,
    dominó múltiples temas,
    memorizó cien poemas.

    Muy respetable orador,
    excelso declamador,
    ¡di “Los Motivos del Lobo”,
    padre sano, señor probo!

    En el lenguaje, impecable,
    de una dicción admirable,
    varonil voz, gran cantante
    que, bailando, fue galante.

    Esencialmente, un artista,
    que su majestad persista,
    tuvo apego a la madera,
    la honestidad por bandera.

    Con poco se conformaba,
    el tabaco le gustaba,
    un buen trago con amigos,
    ellos mismos son testigos.

    Sin ser santo, hombre bueno,
    capaz, ilustrado, ameno,
    letrado, una enciclopedia,
    su carácter . . . cosa seria.

    Atenea, diosa preclara,
    sabiduría, virtud rara,
    hoy, que se apagó su vida,
    ¡mi conciencia llora herida!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    México, D. F., a 04 de enero del 2014.
    Dedicado a mi Señor Padre, Gonzalo Ramos Amaya (QEPD)
    Reg. SEP Indautor No. 03-2014-073110472600-14

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